Necesitaba reencontrarte.
No sé cómo empezar ni qué palabras decirte para que te dignes a escucharme.
No sé de qué hablarte ni si seré capaz de al menos hilvanar las frases para que me
entiendas...
Estoy nerviosa, me siento torpe, ¡hace tanto tiempo que no nos
vemos!...
Tienes razón, no había ninguna razón de peso para
que me alejara así de tu lado, para que, de la noche a la mañana, dejara de compartir contigo mis desatinados pasos a veces, el frío y el calor de mis pensamientos, otras... Pero
los seres humanos somos así, un día desaparecemos, olvidamos o
giramos la cara hacia el otro lado para no querer ver lo inevitable...
Cuando me
marché no sabía que lo hacía, simplemente me alejé de este lugar porque tenía que
poner mi energía en la tierra, en lo racional, en lo evidente, en hacer, hacer, hacer, ¡volvería enseguida!.

Creo que ese fue el verdadero error, pensar que podía volver, que yo lo controlaba todo. Pensé que podría seguir balanceándome entre aquel mundo y el universo del
querido Principito. Y el día que quise regresar con mi rosa me di cuenta de era imposible: ¡no podía elevarme del suelo!
Cuando justo miré hacia arriba, y te vi allá a lo lejos, rosa mía, mirándome furiosa y altiva, sentí una punzada en el estómago. No podía reprocharte nada, durante todo este tiempo te había olvidado.
¿Cómo había llegado a aquella situación? Esos meses habían pasado tan rápidos como una exhalación. Quizás al mirar tan fijamente hacia delante para abrirme paso entre la multitud, se me había pasado que unas raíces iban creciendo bajo mis zapatos. Y ahora no podía volar hacia el universo. Mi hada madrina, por suerte, había puesto a salvo a mi inspiración acompañándola hasta que yo fuera capaz de recogerla… ¡suerte de ella!
En el momento que supe que te había perdido sufrí
doblemente: por un lado, me sentí inmensamente culpable por haberme alejado
de ti, de mi esencia, de lo que siempre había considerado importante, y a la vez, no podía evitar sentir un escalofrío de frustración. Aquel día, mi rosa, supe además que aquel esfuerzo no
había servido de mucho:
en aquel tiempo había escrito mucho, pero mis palabras no tenían alma; creía haber llegado a un destino,
pero mis pasos iban a tener que retroceder después de todo aquello; hablé en mil idiomas, pero no supe explicar con pasión mis historias.
Hoy vuelvo a ti, aún cansada, triste por todo
lo que ha pasado, pero lo importante es que he vuelto. Quizás no me entiendas del
todo, por qué me marché de aquel modo, pero así somos los seres humanos, que nos creemos tan poderosos que no podemos imaginar que un día el mundo puede atraparnos.
Aquí estoy de nuevo, mi rosa, única en el mundo desde que nos hicimos amigos. Te prometo, rosa mía, blog de
color rosa, que no volveréis a echarme de menos.