16 marzo 2014

Confieso que he vivido


Existen libros que merecen ser leídos y releídos y otros tantos que deben ser recomendados. Hay libros que deberían leerse por su sorprendente final y algunos tienen pasajes únicos e inigualables. Hay libros que encierran en su título la profundidad de toda una vida. Hay otros que leíste hace siglos y que un día por casualidad retornan arrastrados por una experiencia.

Confieso que he vivido, de Pablo Neruda. 
Ese es el título que resume una velada fantástica entre ocho mujeres distintas y particulares, poderosas y auténticas. Antes de ese día, unas perfectas desconocidas. Después de entonces, unidas por un hilo invisible pero fundamental, la sinceridad.


Un hada diminuta llamada Campanilla las había ido llamando una a una haciendo caso a su intuición:
Tenían que ser fuertes pero a la vez emocionales, influenciables, apasionadas...Todos ellos adjetivos valiosos pero que a veces se pueden considerar debilidades según desde qué óptica se (ad)miren.
Sería un secreto a lo que se dedicaban para ganarse la vida, porque ello no deja de ser una circunstancia en muchos casos, y en otros, una etiqueta. Lo importante es que tuvieran talento en mayúscula.
Unas vendrían del norte y otras del sur. Unas serían de ciudad y otras del campo. Unas vivirían en el centro y otras fuera de la ciudad. De nuevo, circunstancias o casualidades. Lo realmente importante serían las historias que las habían llevado hasta allí.

Cuando todas ellas aceptaron la invitación, Campanilla llegó a la conclusión que quizás posiblemente de no ser por esa cita, jamás se hubieran conocido y si lo hubieran hecho, no habrían ido más allá de un saludo cortés y indiferente. Conseguir esa gesta la hizo sonreír encantada.

Río de montaña de roca wallpapers
Campanilla lo intuía pero ellas todavía no, pero esas mujeres tenían más puntos en común de lo que podrían reconocer al verse. Sus historias se entrelazaban, discurrían en paralelo, y donde terminaba una empezaba la otra. Eran como el caudal de un mismo río, con sus aguas serpenteando de una y mil formas pero en una misma dirección.
Las historias se complementaban porque lo que las unía eran palabras como amor, ilusión, aventura, experiencia:
todas esas mujeres habían arriesgado, se habían atrevido a rebelarse, habían luchado por un sueño, habían elegido hacer lo que debían, habían perseguido un amor y se habían arrepentido de todo ello alguna vez...
Lo cierto es que todas podían confesar que habían vivido, porque esa la más fascinante verdad que se reveló esa noche. A pesar de las diferencias en la superficie, emergió la potente verdad: la vida nos va tejiendo una red invisible de experiencias que nos hacer tomar decisiones, que nos hace reír y llorar y emocionarnos. 
La vida nos hace sufrir pero nos deja suspirar. La vida nos obliga a luchar por lo que queremos y a ceder, a momentos, y también nos fuerza a abandonar y a alejarnos…Quizás más adelante volvamos, o quizás no, quien sabe.

muchos fuegos artificiales en el cielo negro
Hace unos días, hubo una fiesta en Barcelona con una música diferente y en un entorno mágico. No fue una fiesta de grandes artificios pero dejó una huella indeleble en ocho mujeres que se ofrecieron sin quererlo un regalo muy valioso: compartir con sinceridad su discurrir por la vida, con la fluidez con la que se deslizan las serpenteantes aguas de un río. 





Canción del post: Big Coat  de Wiretree

09 marzo 2014

La esencia del escorpión



Me gusta descubrir una buena frase o escuchar una sorprendente historia. Cuando aparecen no lo pienso dos veces, zas, las meto en mi saco particular y las voy tomando prestadas cada vez que las necesito. Entonces las moldeo, las transformo, las reescribo y se convierten en nuevas historias, en mis frases ... Probablemente sea esa la forma de encontrar argumentos para mis pensamientos.

Para la reflexión de hoy tomaré prestada la fábula del escorpión y la rana:

En la orilla de un riachuelo una rana descansaba al sol del mediodía hasta que oyó una voz que se dirigía a ella:
 - ranita, ¿me puedes llevar hasta la otra orilla del río?, llego tarde y cruzando por aquí llegaré antes, pero no sé nadar...-.
Esta se volvió asustada ya que la voz provenía de un peligroso escorpión.
-Lo siento, pero no puedo ayudarte- negó la rana- porque si lo hago, me matarás con tu aguijón.
-¿Como puedes pensar eso?, ¿por qué tendría que hacerlo?- contestó contrariado el escorpión- si te clavase el aguijón, moriríamos los dos, ya te dicho que no sé nadar...¡por favor, ayúdame…!- le suplicó.
La rana dudó aún durante unos instantes, consideró los argumentos del escorpión y por fin se decidió a ayudarle. Cargó sobre su espalda al escorpión y comenzó a nadar con gran esfuerzo hasta la otra ribera. A mitad de camino, sintió una punzada intensa y supo que el escorpión le había picado. Mientras ambos se hundían, atinó a preguntar: -¿Por qué…?- y el escorpión le respondió: -lo siento, pero está en mi naturaleza-.

Cuando la generosidad está en tu esencia, ¿cómo renunciar a ella?, ¿cómo controlarla para no volver a caer en las mismas trampas?. La experiencia te demuestra una y otra vez que no tiene ningún sentido ese comportamiento, que no vale la pena. Sabes que después de un tiempo, acabado el esfuerzo y perdida la energía, volverá de nuevo esa sensación de manos vacías, de gotas de agua resbalando entre los dedos hasta quedarse en nada…

No me canso de inventar historias para emocionar a los que están a mi alrededor. Me enorgullece hacer crecer a las personas y cuando las veo florecer, siento una profunda satisfacción. Por el camino, me desvivo por enseñarles todo lo que sé, no me guardo nada para mí. Intento demostrarles que ellos también pueden cambiar el pequeño o gran mundo que les rodea...Y es que todo ello forma parte de mi naturaleza.

Pero casi siempre, justo cuando acabo de poner la última pieza en lo alto del hermoso castillo que hemos construido para que vivan felices para siempre y les digo adiós con la mano, ellos se despiden con indiferencia, se dan la vuelta y continúan con sus quehaceres diarios, sin más. 
Y yo me quedo triste y pensativa, congelada en un plano fijo, y me convierto en un viejo vaquero solitario de una película, que sabe que no posee más referencia que el horizonte y el sol del atardecer que le ciega los ojos. Mientras se aleja al trote, masculla para sus adentros que no volverá a suceder, que en el futuro solamente vivirá para sí mismo, que será egoísta, que … hasta que, de repente, una voz en off envuelve la escena: 
-volverás a hacerlo una vez y otra más, está en tu naturaleza. Ese es tu verdadero valor, lo que te hace único, lo que te da la fuerza para continuar tu camino…


No nos queda otra que dejar de rebelarnos contra lo inevitable, nuestra naturaleza, y quizás en la próxima parada, lo que no te agradecieron aquellos, lo harán esos otros ... quién sabe.


Canción del post: The greatest - Cat Power

23 febrero 2014

Explosión de Primavera

Creo que se ha adelantado la primavera: Los días son luminosos y cada vez duran más. El sol comienza a despertar a las hojas que emergen, verdes y brillantes, tras meses de somnolencia. El aire empieza a zumbar de vidas diminutas que se apresuran a acercarse a todo, a sentirlo, a tocarlo, como si tuvieran solo un instante para disfrutarlo.

Huele a Primavera, a sol centelleante, a excursiones por la montaña, a azul intenso y a pies descalzos, a paseos al borde de las olas, a gafas de sol, a trinos de pájaro, a niños corriendo por el parque, a sonrisas que se transforman en besos, a aperitivos en abarrotadas terrazas, a conversaciones con los ojos cerrados dejando que el sol nos dore la piel…

Qué afortunados somos de tener cuatro estaciones. 
Y la que se acerca es simplemente la mejor. Transforma con tanta fuerza nuestro alrededor que es imposible mantenerse insensible ante tanta explosión de alegría. No nos queda más remedio que mimetizarnos con el cambio que se produce y dejarnos llevar por esa magia tan auténtica, la de una naturaleza que nos grita que está viva.

Me encanta empezar a notar el calor, sentir el peso del abrigo y decidir atarlo a la cintura. Me encanta olvidar calzarme las zapatillas de estar por casa y recordar en ese momento a mi padre recriminarme: “qué fas delcalça?, ara és el temps dels costipats...”. Me encanta empezar a oír hablar de viajes y de planes de fin de semana en el autobús, en el trabajo, por la calle…
Me encanta ese contagio de energía y de ilusión que se cuela por todos los resquicios como la brisa marina.

Se ha adelantado la primavera. Los almendros y los cerezos quieren ya florecer. Pero aunque nosotros vayamos tras ellos, a veces parece que nos enfrentemos a esa tendencia natural, por la causa que sea: ¡pero es que somos tan prudentes…! Como sabemos que puede volver el frío de nuevo, decidimos que es mejor no precipitarse...
Mientras tanto, el sol nos sigue tentando a salir de nuestra casa tan confortable. ¡Pero es que somos tan organizados…! Como sabemos que aún no es la fecha, decidimos que la primavera no llegará hasta el 21 de marzo....

Sin embargo, como estoy en plan rebelde, he decidido dejarme llevar por esta maravillosa explosión de primavera y aprovechar cada oportunidad para disfrutarla. Cuando cambie el tiempo, ya correré a refugiarme...De momento, ¿cuántos chiflados más encontraré por el camino? 



Canción del post: Junk of the heart , The Kooks

09 febrero 2014

Thank you

Hay días en los que tienes tanto que contarle al mundo y con tanta necesidad, que tu corazón se debate entre una explosión desordenada de ideas sin continuidad, un sinfín de frases entrecortadas y unos cuantos lemas que pierden el sentido justo en el momento de alzar la voz…

Quizás todo sea, como siempre, un poco más sencillo.




Todo esto me lleva hasta una canción de Antony and the Jonhsons. En ella, se repite una y otra vez una simple y esencial verdad: 
Thank you for you love. 


La melodía es un mantra excesivo pero sincero, rematado por una ingenuidad arrebatadora. Quizás eso era lo que pretendía, detenernos a través de la música para que no dejemos nunca de agradecer todas las demostraciones de amor y para que seamos capaces de gritarlo de una vez por todas.

Si pudiéramos concentrar el verdadero amor en un solo gesto, ese sería un abrazo. 
Un abrazo largo y sentido, dejándonos proteger por el otro, acogiéndole nosotros también, respirando juntos, en armonía. Una especie de escalofrío, y un suave calor después, recorrería nuestro interior y su energía nos haría sentir enteramente confiados.

¿Por qué tenemos tanto miedo a dar y recibir ese regalo tan preciado?

Y si el amor es poderoso, la confianza que genera, el auténtico regalo, nos va a elevar hasta el infinito.
La confianza son unas alas hermosas que nos llevan más allá de lo que antes habíamos conocido. De repente nos atrevemos a probar sin miedo lo desconocido y a saborear sus matices. 
Y mientras sucede, en nuestro interior florece una majestuosidad nueva. 
Y palabras como el riesgo pierden sentido porque todo se convierte en un sencillo juego en el que ganar y perder forman parte del aprendizaje.

¿Por que nos cuesta tanto darnos cuenta de la grandeza y la belleza de este proceso?


Cuando concedemos al amor papel de ser el eje de nuestras vidas, convertimos a la confianza en el motor más poderoso para hacer este mundo un poco mejor. 
Porque todo ello junto, produce un efecto expansivo que es perceptible para todos los que están a nuestro alrededor. Se crea una explosión de de ilusión tan fuerte, que pocos pueden resistirse a ella. 

¡Qué difícil es no dejarse seducir por todo lo bueno que está esperando justo ahí delante!


Hace unos meses, un golpe en la cabeza me produjo un aturdimiento total. Todo a mi alrededor se detuvo y lo que hasta entonces era el motor de la mayor parte de mi vida, dejó de ser mío. Me lo arrancaron sin explicaciones. Ahora sé que en realidad, ese era el regalo con el que la vida me estaba obsequiando.

Gracias a ello, conseguí dejar atrás y traspasar una pesada puerta de hierro forjado. Y después de ese suceso fortuito, un sinfín de primaveras se han ido sucedido a mi alrededor: 
el amor ha entrado a raudales en mi interior, el sol ha vigorizado mis sentidos, y muchos ángeles han salido de sus escondites para darme ese abrazo largo y sentido que necesitaba.

Tengo la absoluta certeza que ya nada volverá a ser lo mismo, porque durante este tiempo unas níveas alas de cisne han ido creciendo con suavidad tras mi espalda.

Todavía me queda una misión pendiente: ser capaz de transmitir esa extraordinaria onda expansiva para que otros se dejen enamorar por ella.


PS. Dedicado a los que afortunados que saben que el amor es el motor de todo.

Canción: Better- Mathew Mayfield

25 diciembre 2013

Mujer Esponja

Hay personas que, por la razón que sea, nos marcan para el resto de nuestras vidas. No son nada y todo a la vez. (Mujer Esponja).

Hay una canción que está llena de guitarras que me gusta mucho. No la pongo habitualmente pero cuando la escucho me siento identificada y me da un instantáneo subidón de felicidad. Comienza así: ella es fuerte y débil a la vez, pero así somos los dos…

Ella es fuerte y débil a la vez, pero tiene una extraordinaria fortaleza interior. Creo que no es consciente de la capacidad insólita que habita en su interior capaz de revolverse y lanzarse, sin temor, a combatir en las más heroicas hazañas sin más escudo que su vida y su convicción…Es capaz de matar monstruos por ti, solo tienes que avisar…

Ella es una feroz heroína pero también una mujer de verdad. Es capaz de arremeter contra cualquier injusticia pero al mismo tiempo nunca ha dejado de soñar. Y cuando se deja llevar, cierra los ojos y se imagina recostada en una tumbona azul y blanca frente una playa paradisíaca, vestida enteramente de blanco, con un cocktail de frutas y pasión en la mano, mientras suena una música que la hace suspirar y todos los pensamientos se desvanecen adormecidos por el rumor de las olas.

Ella es una mujer de carne y hueso y a la vez, el capitán de los salmones. Una vez me preguntó: si yo fuera un animal, ¿cuál sería?. Lo tuve muy claro: los salmones son capaces de realizar una odisea vital, como ella. Nacen en un lago, y a pesar de la docilidad de sus aguas, un día una fuerza interior les hace dejarse arrastrar por las cuestas imparables del río hasta llegar al gran océano, donde  los depredadores estarán esperando. El salmón sabe que tiene que aguantar todo el tiempo que pueda para aprender, para conocer, para madurar. Y el día marcado, se dará cuenta que tiene que regresar y emprenderá su último viaje, nadando a contracorriente hasta agotar las fuerzas para volver al lugar que le ha visto nacer y dedicarse, ahora lo sabe, a aquello para lo que estaba predestinado. Ella está ahora en el camino y a pesar que encontrará muchos obstáculos, como embalses que saltar, trampas humanas que esquivar, incluso zarpas del terrible oso de las que huir, regresará feliz a su puerto particular.

Ella es una noche de fuegos artificiales pero también un pájaro con ansias de volar. Los días con ella pueden ser impredecibles, las aventuras juntas, incontables, los traspiés, los equívocos y las carcajadas son elementos habituales de nuestras fiestas de amigas. Y sin embargo a veces, una ráfaga de aire frío recorre su espalda y encima de su cabeza surgen burbujas de dudas, de antiguas preguntas a las que quiere responder con buena nota. Y sólo entonces, puedes ver como su sonrisa se esconde y se recluye en su jaula particular. Aunque no tiene puerta, prefiere quedarse allí tranquila, estudiando y aprendiendo, sopesando los pros y contras de cada decisión, y decide estar sola, porque es esta su lucha particular…

Y es que ella es fuerte y débil a la vez, pero así somos las dos. Amigas y hermanas para siempre.




Mujer esponja - Lory Meyers
En el parque - Love of Lesbian

22 diciembre 2013

Un destello

No podemos evitarlo, nos pierde el destello, esa ráfaga instantánea que atraviesa el cielo en escorzo. Mientras sucede, se nos parte en dos el pensamiento, se nos acaban los planes y giramos completamente el reloj de tiempo para que todo se detenga…


Nos seducen las ciudades como Nueva York, cuyo nombre nos devuelve destellos de luz, que nos permite sentirnos pequeños en medio de una grandiosidad deslumbrante. Nos gusta dejarnos abrazar por la verticalidad de sus edificios, mirar hacia arriba y pensar que ahí arriba hay personas poderosas. Justo hasta notar un dolor en el cuello. Nos quedamos sin palabras al caminar por escenarios de películas, cuando recordamos frases famosas o al sentarnos para desayunar en el set de nuestra serie favorita que es un poco más pequeño de lo que imaginábamos...
Nos encanta, no podemos remediarlo, y cuando nos percatamos que quizás haya demasiados baches en la calzada, que las esquinas están llenas de homeless y que el olor de las basuras impregna el aire del verano, negamos con la cabeza y volvemos a recordar todas sus maravillas.

Nos seducen personas como aquellas que saben mirarte profundamente a los ojos mientras te hablan, porque te hacen sentir pequeño y especial al mismo tiempo. Nos dejamos enamorar por los que poseen un destello en sus gestos, en su mirada, incluso en su forma de andar. Les consideramos auténticos, a pesar que para ellos más que para otros, el mundo gira a su alrededor: son altivos, soberbios, incapaces de adaptarse a las normas que para otros son ineludibles. Y sin embargo, les perdonamos lo que a otros no permitimos, les dejamos que saquen a relucir sus sombras. En su presencia, todo lo anterior pierde sentido porque los pensamientos se parten en dos, desvaneciéndose en un aire contagiado por su aura. Y cuándo nos damos cuenta de que sería imposible vivir con ellos, negamos con la cabeza y suspiramos  por detener el reloj del tiempo para que la magia, al menos, dure un poco más.


No podemos evitarlo, nos pierden los destellos. Y por eso, siempre triunfarán los que brillen, aunque solamente sea una vez, y pasarán por delante de los que continuamente hacen fácil lo difícil sin levantar la voz. No nos debe importar tanto que lo que ofrezcamos tenga rincones sin pulir, que no sea perfecto porque solo seremos capaces de detener el reloj del tiempo si conseguimos transmitir algo que contenga esa ráfaga instantánea que atraviesa el cielo…

03 noviembre 2013

Bailemos




Existen tres tipos de personas: las que no necesitan grandes reflexiones para ser felices, las que un día reflexionan profundamente y a partir de entonces inician una nueva vida y las que les gusta reflexionar a todas horas pero rara vez toman drásticas medidas al respecto.


Cuando hago largas caminatas por las montañas, a pesar de contemplar el infinito y admirar los elementos esenciales de la vida, a menudo me despisto y vuelvo a darle vueltas a los temas que me preocupan y que no he solucionado. Por suerte, las cuestas son lo suficientemente empinadas para pedirme un poco más de esfuerzo y concentración. Cuando solamente puedo mirar alternativamente hacia arriba y hacia el par de metros que tengo por delante, sé que mi mente ya no tiene lugar para nada más.

Hoy reflexionaba sobre cómo conseguir dejar de pensar. Quizás todo se base en conseguir una cierta armonía. La naturaleza es en sí misma armónica y poderosa: 
cuando miro hacia el cielo puedo ver como el viento arrastra con suavidad las nubes que juegan a desvanecerse, al bajar la vista hacia el lago de gélidas aguas, descubro que el mismo viento ha creado unas ondas en la superficie, que se estremece ante su contacto. En lo alto de las crestas, de nuevo el viento juega a colarse entre las rocas emitiendo unos silbidos largos y misteriosos. Finalmente, me dejo envolver en esa sensación de pequeñez, a la vez me siento grande. Quizás esta deba ser mi definición de armonía.

Y desplazándome un poco hacia las situaciones cotidianas me pregunto: ¿cuántas veces nos han contrariado por algo que consideramos injusto?. Algunos se enfadan y otros nos ponemos tristes…pero, ¿nos han hecho daño en un mundo donde todo fluía o era por el contrario un entorno en el que había fuerzas opuestas o desequilibradas?. Y además, ¿intentábamos convertir ese entorno en un espacio armónico o tirábamos con todas nuestras fuerzas para convertirlo en otro?...Cuántas veces no habremos arrastrado a muchos en pos de un objetivo, el nuestro, el bueno, el verdadero, y hemos contemplado finalmente con desánimo como se ha desvanecido porque no ha podido sobrevivir al entorno que no creía en él.

No la vemos, o no sabemos verla. Qué afortunados son los músicos, pues ellos sí que reconocen lo que es la armonía. Nosotros sólo podemos captar las buenas canciones. Si nos fijamos, en ellas ni las voces ni los instrumentos, aunque distintos y singulares, sobresalen los unos de los otros. Aunque todos fueran magníficos individualmente, sin esa unión especial que de vez en cuando se produce, no sería posible que una canción se convirtiera en clásica.

Tenemos que volvernos hacia la naturaleza para ser capaces de conseguir un mundo mejor. La mejor estrategia se halla en el universo, delante de nuestros ojos. Y sin embargo, a pesar de los grandes documentales de la televisión, no nos damos cuenta. 

Si eres como yo, de los que reflexionan constantemente y se desorientan de vez en cuando, escucha el silencio de la naturaleza y baila con él, en armonía.





Armonía: Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes.

27 octubre 2013

Durante el trayecto

Conduces tranquilo por una ancha carretera. Sin sensación del tiempo, porque has perdido la cuenta después de contemplar durante horas esa sucesión de campos amarillos y árboles con copas redondas, engañosos topos verdes que se deshacen al acercarte. Hace calor y has bajado las ventanillas, el aire circula como un vendaval en el interior del coche donde se mezcla el olor del campo y con el del verano. Conduces por instinto, tus sentidos se han relajado hasta el límite. Tu memoria no recuerda cuándo empezó esa recta infinita y tu vista no percibe cuándo terminará. Nada importa, lo único que tienes que hacer es llegar.

Y de repente sucede algo.

Ese algo que pareces ver delante de ti te hace pestañear, no vaya a ser un arbusto, un animal, una roca, un no sé qué al que tu imaginación ha dotado de vida al azar.
Primero pestañeas, y luego se contraen el resto de tus sentidos, preparados para lo peor. No puedes hacer nada para impedirlo, a ellos les enseñaron que pasase lo que pasase, tenían que estar listos para actuar  en situaciones límite.
Primero pestañeas, luego contraes el resto de tus sentidos, y luego vas reduciendo la velocidad de tu vehículo hasta detenerte para llegar hasta la figura que está parada en el arcén.

No puedes articular palabra. En medio de la nada, hay una chica sonriéndote. Vestida de turista, bronceada por el sol, lleva una mochila a los pies y mantiene el brazo levantado. Al acercarte, te das cuenta que el cartón que lleva agitando desde que te vio a lo lejos pone tu nombre.
No puedes decirle que no suba, aunque estés en shock. A partir de ahora tu trayecto será totalmente diferente…



A veces pasas demasiado tiempo haciendo lo mismo, sin cuestionarte si te hace feliz, si es aquello que realmente quieres. Y sin embargo, te sientes bien. Aunque te quejes de la rutina, en realidad es un refugio, un fondeadero seguro: no te pide demasiado esfuerzo, y te deja controlarla en todos los sentidos. Podrías deletrear tu día desde que la luz del sol se filtra por la persiana hasta que te inclinas para cerrar la luz de la lámpara al acostarte.

Y de repente sucede algo.


Y desde entonces todo en lo que has basado tu existencia no tiene ya sentido, ha perdido su valor. Y aunque te sorprendas, te enfades, te pongas triste o te preguntes porqué a ti, piensa que es algo que lleva mucho tiempo esperándote: 
para mostrarte otro camino alternativo, una sorprendente forma de recorrer lo que te queda o quizás un nuevo y excitante destino.

06 octubre 2013

En la última fila

Hace años mi padre me contaba como una de sus grandes hazañas, que debido a que no podía ir a la escuela todos los días porque tenía que ayudar a su madre, cuando entraba en el aula, el profesor le sentaba en la última fila. Durante toda la clase, él se esforzaba como nadie: levantaba varias veces la mano, contestaba a todo lo que sabía, sumaba lo más rápido que podía, y a medida que iba respondiendo correctamente, le iban sentando cada vez más adelante. El día en el que, cuando sonaba el timbre del final de la clase, había conseguido estar sentado en el pupitre de la primera fila, era el más feliz de todos los niños.

Mi  padre me enseñó dos cosas importantes: mirar siempre hacia adelante y valorar el esfuerzo que cuesta conseguir algo. Para ello, hay que esforzarse, me decía, por aguantar los malos tragos.

Es algo que hago sin ninguna dificultad. Como un resorte escondido entre las capas de la piel, ante cada adversidad que se presenta, algo me ayuda a sobreponerme. Cuando sucede algo, siento al momento un pinchazo de dolor en el estómago y en seguida me pongo muy seria y me digo a mi misma: pase lo que pase, iremos hacia adelante, siempre hacia delante. Es un mantra espontáneo y poderoso.

Eso no significa que no duela ver a los demás cómodamente sentados en sus pupitres. Pero hay que ver más allá, me diría mi padre: míralos bien, están callados, y serios, pero les delatan sus pensamientos. Te miran de soslayo mientras tú llegas de puntillas para luchar por lo que el otro día era tuyo, ¿pero sabes lo que piensan en realidad? ni te odian ni te menosprecian, muy al contrario, te admiran: viéndote a ti, saben que el milagro que haces que se produzca cada día no es un sueño. Si tú eres capaz de llegar al primer lugar, significa que quizás no sea tan difícil. Además, te conocen, salen contigo a jugar al patio y se han dado cuenta que eres como ellos. Tuvieron miedo al principio, pero ya no, porque eres cercana: te ríes, te inventas juegos para ellos, te emocionas, les cuentas lo que te preocupa, les haces reflexionar.

Algunos piensan que estás un poco loca, pero en el fondo saben que esa locura es un regalo del cielo para todos ellos, porque esa alegría mueve montañas, atraviesa océanos y glaciares, incluso desiertos perpetuos.  Esa locura les permite a unos soñar despiertos y sobrevivir al tedio. Esa locura les exhorta a otros a ponerse a cambiar este pequeño mundo y hacerlo más humano. Esa locura es capaz de transformar un día gris en un fantástico día de vacaciones…


Ya sé que es duro empezar cada vez en la última fila. Temes que un día se terminará de golpe la energía y no serás capaz de conseguir el reto y su premio. En realidad, seguiría mi padre, el premio no es el que crees...
¡El premio son ellos! Cuando no estás en clase, tus compañeros te echan de menos. No te lo dicen, porque alguien les enseñó a no ser osados en sus comentarios. Alguien lo susurró una vez:" es curioso que se note más tu ausencia que tu presencia". Tienes que estar orgullosa, pues quizás has cambiado tanto su días que convertiste lo extraordinario en posible y sin tu presencia, la magia se pierde y las cosas vuelven a ser como antes…

Mi padre me miraría ahora fijamente, me pondría una mano en el hombro y me diría: no tengas miedo, la ilusión y tus ganas lo harán posible. Eres afortunada por poder llegar cada día a la primera fila. Cualquiera que sea el sueño que tengas, está ahí mismo...al final del día.